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La Vestimenta como Insignia del Cuerpo – Territorio | Ensayo

julio 6, 2020

El narcicismo de hoy no significa abandonarse a la holgazanería, disfrutar del tiempo que pasa, aunque provoque placer, está hecho del trabajo sobre uno mismo, de la búsqueda de una personalización de la relación con el mundo por medio de la valoración de los signos de la vestimenta, de ciertas actitudes, pero también, y especialmente, de signos físicos. <<David Le Breton>>

Introducción

Cuerpo, ¿un elemento, materia, objeto?, ¿cómo definirlo?, ¿se puede definir?, y si lo defino, ¿no estaría definiéndome, definiéndote, definiéndolos…definiéndonos?

Pensar en el cuerpo parece sencillo, en español es una simple palabra de seis letras con tres consonantes y tres vocales, fácil de escribir, fácil de leer; un concepto que aprendemos desde pequeños a partir de la definición del YO: ¿cómo soy?, ¿quién soy?, ¿cómo me llamo?, y ¿qué me gusta o qué no me gusta?, pero ¿realmente sabemos qué es el cuerpo?

Para mí, el cuerpo es un concepto complejo, un concepto de la metafísica que está constantemente debatiéndose, estudiándose y reescribiéndose. Hablar de cuerpo implica un ejercicio mental donde se deben presuponer todas las posibles acepciones entorno a él, es analizar constantemente al ser humano y lo que lo rodea; el cuerpo está estrechamente ligado a contextos

que van desde lo político hasta lo religioso, y que permean las acciones que se suscitan de esa interacción del cuerpo en cada uno de ellos.

Jean – Luc Nancy, afirma que el cuerpo “indica una posesión, no una propiedad. Es decir, una apropiación sin legitimación. Poseo mi cuerpo, lo trato como quiero, tengo sobre él el jus uti et abutendi. Pero a la vez él me posee: me tira, o me molesta, me ofusca, me detiene, me empuja, me rechaza. Somos un par de poseídos, una pareja de bailarines endemoniados” (2007, 15 p.). Me paro desde esta afirmación para definir, desde mi propio saber y sentir, un cuerpo que no es sólo lo tangible, lo que se conoce de mí, o lo que se conoce de otros desde lo matérico, sino un cuerpo que se transmuta, se adapta y se interpela desde otros cuerpos construidos por más cuerpos que se encuentran y cohabitan; una relación cíclica que a mi parecer compone una categoría del cuerpo: el territorio.

Cuerpo como territorio, individual y colectivo

En su conversatorio: Cuerpo, territorio y foro público, Ricardo Toledo Castellaños aborda la noción de territorio desde una perspectiva política y social; su discurso problematiza el concepto de cuerpo atravesado por dichos contextos, los observa de forma crítica y nos hace cuestionar nuestra propia visión del cuerpo desde aquellas instancias.

El cuerpo como primer territorio ha sido una constante para mí; entiendo el territorio como cada uno de los lugares en los que he habitado y seguramente habitaré. Para muchos somos quienes somos por el lugar en el que nacimos, y esto me lleva a pensar que al relacionarnos dentro de un conjunto social compartimos nuestro cuerpo en un amplio sentido; nuestra singularidad como cuerpo aporta en la definición de un territorio: las costumbres, los hábitos y las necesidades sociales que surgen en las relaciones entre cuerpos son producto de las formas en las que interactuamos unos con otros desde nuestra individualidad; hacemos parte de un proceso de construcción que nunca termina y en el cual nos definimos constantemente.

El cuerpo es un todo, y nada a la vez, parte de un microcosmos para pertenecer a un macrocosmos que a su vez es micro, es un ciclo infinito donde “un cuerpo es una diferencia en la medida en que se diferencia del resto de los cuerpos, y es la existencia plural o la coexistencia de los cuerpos heterogéneos lo que hace de todo y cada uno algo singular e irremplazable” (Álvaro, 2007, 48 p.). Como cuerpos singulares, individuales, participamos en el interminable devenir de la pluralidad, existe un constante encuentro y rompimiento de límites entre cuerpos, lo que finalmente se traduce a la concepción de un cuerpo corporal que habita un territorio, o la idea de este. Un territorio puede ser la suma de cuerpos individuales, es un cuerpo colectivo que “marcha al son” de lo que sus cuerpos marquen; imaginar el territorio lejos del cuerpo es pensarse el cuerpo sin alma, parte inherente al cuerpo y que Jean – Luc Nancy define como un cuerpo dentro del cuerpo que conocemos. (2007, 33 p.)

Nuestro territorio se reformula a la velocidad de los cuerpos que lo conforman, sin ellos el territorio no experimenta lo político, lo social, lo religioso, lo individual, lo colectivo, lo tangible, lo intangible, y todas las premisas posibles dentro de lo que necesite el cuerpo. Sin cuerpo individual, no existe cuerpo colectivo, y sin ambos no existe el territorio.

A su vez, es posible hablar de un cuerpo individual como primer territorio, lo que nos lleva inevitablemente hacia el camino de la indumentaria y las formas en las que esta se construye a razón de las necesidades del cuerpo, o en otras palabras hacia la observación de la moda y su influencia en la construcción de identidad. Los modos de vestir hablan no sólo de nuestra visión estética frente al mundo, sino también nos lleva hacia el análisis de las transformaciones que se generan sobre el cuerpo y las formas cómo decidimos abordarlo; esto muestra nuestra posición individual frente a qué es el cuerpo y cómo interactuar con él. Por otro lado, el contexto social en el que habitamos atraviesa nuestras decisiones sobre el cuerpo por mas de que no queramos ser parte de dicho contexto, en otras palabras, tomamos de nuestra cultura, de forma inconsciente o consciente, elementos con los que nos identificamos, los cuales modificamos de forma tal para que se ajusten a nuestra visión, lo que queremos reflejar, lo que definiríamos como identidad.

Podemos reconocer al cuerpo como el primer territorio apropiado por un ser humano, un amplio territorio que abarca la complejidad propia de la construcción de una identidad que aporta a la formulación de un cuerpo social, por lo que para entender un cuerpo como territorio colectivo es necesario analizar las características de un cuerpo como territorio individual (primer territorio): cómo y de qué se compone, cuál ha sido su transformación a lo largo de la historia y qué elementos son inherentes a él.

El cuerpo como primer territorio: La indumentaria del YO

Algunos teóricos de la psicología moderna, entre ellos Sigmund Freud, enfocaron sus estudios hacia la conducta y experiencia humana, y a partir de ello formularon teorías que permitieron conocer y explicar el comportamiento del ser humano, tanto en lo individual como en lo colectivo.

Según Freud (1923*), quién estudió a fondo la psiquis del ser humano, el sujeto está mediado por tres instancias con las cuales es posible entender la personalidad y motivaciones de éste. La primera, conocida como Ello, hace alusión al inconsciente, a las necesidades básicas, y cómo éstas son mitigadas, algo a lo que él denominó el principio del placer, luego nos remite a la parte lógica y consciente que atañe a la realidad, el Yo, la instancia mediadora entre el ello y el Superyó; éste último se refiere a la parte moral y ética recibida por la influencia cultural, de donde se despliegan dos subsistemas conocidos como la conciencia moral, que se encarga del análisis y la autocrítica, y el ideal del yo, que se define como la “instancia de la personalidad que resulta de la convergencia del narcisismo (idealización del yo) y de las identificaciones con los padres, con sus substitutos y con los ideales colectivos. Como instancia diferenciada, el ideal del yo constituye un modelo al que el sujeto intenta adecuarse.” (Laplanche, 1996, 180 p.)

Teniendo en cuenta que “lo que forma el cuerpo es una simbolización sociohistórica característica de cada grupo” (Certeau, 1997, 11 p.), y entendiendo que la moda siempre ha estado en una constante donde se debate si es posible concebirla como un arte; dadas sus implicaciones históricas y su gran influencia en la definición de sociedad, la moda ha jugado un papel importante en la transformación del cuerpo, por ello, a través del trabajo de Elsa Schiaparelli, Sonia Delaunay, y Coco Chanel trataré de esbozar planteamientos entorno a las nociones de construcción del cuerpo, moda como arte y sus implicaciones históricas, y cómo esto aporta a la transformación del cuerpo. Estas mujeres hicieron de la moda una forma de creación del cuerpo, donde este actúa como lienzo para materializar un imaginario que rompe con estructuras sociales de su momento, pero que eventualmente se convierte en insignia para la configuración de nuevas formas del cuerpo en lo individual y colectivo. A través de diseños oníricos que desdibujaron los límites entre el arte y las prendas de uso cotidiano, estas artistas y diseñadoras evidenciaron una construcción que parte de un sujeto que se convierte asimismo en un elemento de exhibición, y viceversa.

Arte o no, la indumentaria y todo lo que implica su proceso de creación refleja las necesidades del cuerpo en aspectos que van más allá de lo social e individual, entendiendo que “la persona se expresa por intermedio de dos códigos históricamente determinados el “fisonómico”, que implica la transformación del cuerpo por el uso de diferentes artificios; y el “vestinómico”, basado en la moda, que responde al carácter biológico del sujeto, al negar su desnudez primordial” (Fabris, 2003).

Siendo envoltura, y primera puerta hacia el cuerpo, la indumentaria forja unas formas de comportamiento y accionar, provee libertad o control, inspira, trasgrede o denuncia, todo esto dependiendo de los signos y símbolos que conforman cada una de las culturas. Su significación parte de códigos sociales preestablecidos, y que se fueron constituyendo en la formación de las sociedades a lo largo de la historia:

La relación del cuerpo con las envolturas materiales, es decir, con la ropa y demás objetos que lo protegen, lo embellecen y lo aderezan, surgió como una de las fuentes a privilegiar dentro de esta línea que se interroga por las implicaciones de la materialidad y los objetos físicos…Para el historiador Philippe Braunstein, el atuendo se halló estrechamente ligado al cuerpo: “el vestido es siempre más que la materia de que está hecho y sus adornos, se extiende al comportamiento, determina este último en tanto como lo valora: señala las etapas de la vida, contribuye a la construcción de la personalidad y afina el contraste entre los sexos” (Galán, 2009, 202 p.)

La compresión de la transformación de los cánones de belleza, el uso de materiales, la importancia de ciertos colores y su significación comprenderán gran parte del análisis sobre la posición del cuerpo en lo individual, pasando por lo social, pues como se ha venido mencionando a lo largo de este texto, las implicaciones que tiene el atuendo en los códigos y comportamientos sociales son mucho más profundas que el concepto de belleza, buen vestir o estar a la moda.

Sonia Delaunay: La construcción del cuerpo (femenino)

Para la moda, el arte como fuente de inspiración se hizo más evidente a inicios del siglo XX; la obra pictórica de Sonia Delaunay, Vestidos simultáneos (Tres mujeres, formas, colores) – 1925 se puede interpretar como una manera de acercar al público hacia un nuevo lenguaje visual que eventualmente marcó un hito en el mundo de la moda. Delaunay, junto con su esposo, participó de los movimientos de vanguardia donde su trabajo plástico se desplazó de lo bidimensional hacia lo tridimensional, gracias a sus experimentaciones con el simultaneísmo1.
Su propuesta buscaba renovar la estética urbana a través del color, lo que llevó a que sus creaciones se convirtieran en tejidos (textiles) que reformaron las formas de vestir, según Apollinaire (1913*).


Vestidos simultáneos. (Tres mujeres, formas, colores) 1925
Sonia Delaunay
Óleo sobre lienzo. 146 x 114 cm

1 Robert Delaunay fue quien acuñó el término de simultaneísmo para definir la pintura en la que se emplea el color como medio de crear espacio y formas en un cuadro.
Guillaume Apollinaire será el encargado de la adaptación y generalización del término utilizándolo para designar un principio artístico, según el cual elementos sin relación se yuxtaponen de un modo arbitrario, de manera que las partes de una composición actúen entre ellas por medio del conflicto y el contraste más que por la lógica. El concepto simultaneidad es una de las ideas más discutidas en literatura, música y artes plásticas durante los años que preceden a la I Guerra Mundial. (masdearte.com, 2019).

En 1927, la artista dicta una conferencia en la Universidad de Sorbona titulada “La influencia de la pintura en el arte del vestido”, en este encuentro Delaunay plantea una nueva visión de la moda equiparándola con las revoluciones artísticas acontecidas desde el Impresionismo, aquí relaciona la práctica del vestir y su creación con los procesos intelectuales en el campo de las artes. Desde su visión femenina establece una relación del cuerpo con la indumentaria, plantea una nueva concepción de mujer donde la libertad de movimiento y la riqueza de color deberían conformar las prácticas de vestir del momento. La construcción del cuerpo se da desde un planteamiento de independencia, modernidad y ruptura con las dinámicas sociales aceptadas de la época, con esto, Sonia Delaunay abrió un camino para la moda lejos de ser una práctica netamente ornamental para la mujer, y más cercana a un reconocimiento de sí misma como individuo socialmente activo; “mediante estas apuestas se sacaba al vestido del restringido ámbito en el que venía actuando, se le daba una mayor difusión, el interés por la vestimenta era cada vez mayor, el efecto se extendía a más capas sociales, se democratiza la indumentaria, empieza a hacerse más accesible” (Capilla, 2003, 3 p.)

Acá el cuerpo fue fundamental, en él no sólo se vestía un objeto, sino que a través de este se construyeron ideas y nuevos paradigmas entorno a los cuestionamientos que se estaban generando. Con Sonia Delaunay, el cuerpo ya no fue visto de la misma manera, la moda ya no fue vista de la misma manera, se estableció un punto de quiebre que abrió paso a nuevas interpretaciones del cuerpo que hoy por hoy nos gobiernan:

Sus riesgos tuvieron reconocimiento no sólo en el diseño de vestuarios, sino que abrió un campo de experimentación del que muchos diseñadores recogieron el testigo, porque sin estas vestimentas la relación entre el cuerpo y el tejido que lo envuelve en el siglo XX hubiera sido seguramente otra muy distinta, no tan directa, ni tan sugerente. Aquí empieza seguramente el proceso por el cual tantas veces en este siglo el cuerpo se vio más que el propio traje, el traje sirvió para desnudar, para provocar que nuestros ojos desnudaran con la mirada.


(Capilla, 2003, 3 p.)

Elsa Schiaparelli: La moda como arte y sus implicaciones históricas

A mediados de la década de los 30, nuevamente el mundo del arte, específicamente el ambiente surrealista, se une a la moda para romper con los esquemas que hasta el momento aún preponderaban. Elsa Schiaparelli fue una de las diseñadoras más reconocidas por su talento y sus importantes colaboraciones con artistas vanguardistas, entre ellos Salvador Dalí; en el año de 1937 salió a la luz su famoso Lobster Dress, una prenda que fue bastante controversial, no sólo por lo osado del estampado sino por quien la portó, Wallis Simpson la mujer norteamericana por la cual Eduardo VIII, reciente sucesor de la corona inglesa, había abdicado. Además del contexto social que cobijó la creación de este atuendo, lo importante acá es resaltar cómo en ese momento la silueta natural femenina cobró importancia, y la relación entre belleza y fealdad se planteaba como un juego de equilibrio que determinaba el concepto de elegancia; al igual que Coco Chanel, esta diseñadora hizo parte de un movimiento transformador donde el control del cuerpo fue desapareciendo poco a poco; “el cuerpo ya no es un destino al que uno se abandona sino un objeto que se moldea a gusto” (Le Breton, 1995, 156 p.).

Las colaboraciones entre Dalí y Schiaparelli fueron frecuentes antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial, acontecimiento que pausó sus creaciones y que eventualmente fueron retomadas al final de la guerra. Con Shiaparelli, la moda se abrió paso en el mundo del arte como elemento esencial en la materialización de ideas y nociones que fueron ampliando el espectro de o que se consideraba arte en ese momento; sus prendas rompieron con la necesidad primaria: el vestir, y se colocaron en un dimensión más allá de lo estético colindando con el terreno de lo psicológico (elemento fundamental para el movimiento artístico que la acogió), “en sus manos la moda se vuelve una cara más del polifacético prisma del arte surrealista y de hecho otros artistas experimentaron en este sentido. (Palmegiani, 2018, 74 p.)


Wallis Simpson usando la creación de Schiaparelli para un reportaje que Cecil Beaton realiza en el Castillo de Candé, poco antes de su boda con Eduardo VIII – 1937.

Las implicaciones de su trabajo fueron significativas para el mundo de la moda en el medio artístico, pues desde ambos lenguajes planteó unas particularidades que hasta hoy se han hecho presentes en las creaciones contemporáneas y que comparten espacio en circuitos como museos, galerías e instituciones educativas de ambas disciplinas; sus prendas y accesorios se entienden como “objetos de diseño que interpretan el espíritu del tiempo y ponen en discusión el precepto de “arte por el arte” que fue defendido por las vanguardias y en el cual se anclaba el punto de ruptura con el pasado. (Palmegiani, 2018, 75 p.).

Coco Chanel: La transformación del cuerpo (femenino)

Como hemos visto, la vestimenta jugó y juega un papel más allá de primer envoltorio del cuerpo, “el hombre poco formal, cool, cuida su look, y también quiere que lo hagan los demás; es, esencialmente, un ambiente y una mirada.” (Le Breton, 1997, 154 p.).

La reivindicación y significación del cuerpo como elemento de poder a través del vestuario nos ha acompañado en toda la historia de la humanidad. Si Schiaparelli estampaba langostas en vestidos y creaba sombreros con forma de zapato, experimentando y compartiendo ideas surrealistas para plasmarlas en prendas excéntricas que ahora son hito de la moda y referente importante para los nuevos diseñadores, Coco Chanel no se quedaba atrás, “fue una de las primeras flappers, que no eran otra cosa que avanzadas señoras que en los años veinte comenzaron a usar pantalones y a cortarse el pelo al estilo garçon: fumaban, bebían y salían de noche. Nada novedoso hoy en día” (Funes, 2014); claramente su estilo de vida influenció aquellas creaciones que significaron un avance no sólo en materia de diseño, sino en la materialización de la liberación femenina a través del vestido.

La historia de Chanel como diseñadora de moda es un referente importante, y más que eso es una observación de la creación desde el propio cuerpo; ella “estaba diseñando una filosofía de estilo que articulara nuevas actitudes, nuevas posibilidades, nuevas libertades y nuevos comportamientos en la feminidad” (Rosales, 2019). En su cuerpo materializó las transformaciones de las prendas femeninas. Su interés por la indumentaria masculina la llevó a formular un estilo dignificado para una mujer competente, donde la simpleza de su ropa desmitificó muchos de los preceptos en torno a lo femenino y la posibilidad de generar una imagen de poder tomando elementos del vestuario masculino, sin buscar ser semejante. Lo interesante de su trabajo fue que su rol en la creación trascendió más allá del diseño y la concepción visual de sus prendas. Chanel presentaba en sí misma sus creaciones, demostrando que realmente su visión y estilo eran portables, si bien, no fue la única diseñadora que para la época había introducido la noción de libertad en sus prendas, si se convirtió en un ícono de mujer empoderada, sabia y madura que se reflejaba en su propio vestir y en su estilo de vida independiente; prácticamente en ella se empezó a forjar el principio de la modernidad y la autonomía femenina al desprenderse de lo ornamental y ataviado del vestido, sin dejar de lado la sofisticación, la feminidad y la belleza.


Man Ray. Coco Chanel 1935 Fotografía. 28,7 x 21, 9 cm

A modo de conclusión

El cuerpo reside en todo lo que nos rodea, es una particularidad del ser humano y se extiende hasta otras instancias como el territorio y la vestimenta. La idea de cuerpo, o las ideas que se desglosan de él habitan en el inconsciente y son transmitidas de generación en generación, en ese traspaso surgen transformaciones que van acordes a las necesidades de los contextos que inevitablemente hacen parte del cuerpo directa o indirectamente.

Definir desde una sola mirada al cuerpo anula e invisibiliza todas y cada una de las posibilidades para interpretarlo; la necesidad de regresar a él para debatir y argumentar situaciones que van desde lo individual hasta lo colectivo es una constante, lo que da más peso a la idea de que el cuerpo es un todo y sin él no se puede abordar parte de un algo.

En definitiva, somos un cuerpo que contiene una particularidad que lo hace único, valioso y fundamental en la construcción del cuerpo colectivo: “la relación con el otro, con los cuerpos “humanos”, es indisociable de esta ambivalencia constitutiva del existir que nos hace ser lo que somos” (Álvaro, 2007, 51 p.)

Por otro lado, encontrar el cuerpo en la moda es mucho más contundente desde la observación de lo femenino, sin embargo, no hay que olvidar que históricamente el diseño y creación de atuendos fue un oficio netamente masculino.

Me gustaría cerrar con un ejemplo que en cierta medida engloba lo que en apartados anteriores busqué dilucidar desde un dimensión más psicológica y relacional del cuerpo individual en un cuerpo colectivo. Phantom Thread (2017), fue una película que tuvo como premisa la relación de un hombre diseñador de moda con una de sus musas, ambientada en la Inglaterra de los años 50, esta película es un reflejo de cómo la moda construye relaciones significativas desde la contemplación y manipulación del cuerpo. Reynolds Woodcock, interpretado por Daniel Day‐Lewis asume una relación basada sobre el poder que ejerce en el cuerpo de su musa Alma Elson (Vicky Krieps), a quien en un principio impone sus modales y comportamientos para luego rechazar y finalmente desear por la inversión de papeles, pues finalmente es ella quien cuida y manipula al diseñador por la simple necesidad de no estar el uno sin el otro. Ella poseía el cuerpo perfecto sobre el cual crear, y él necesitaba de su compasión y cuidado para liberar su creatividad.


Escena de la película Phantom Thread 2017

o anterior, deja como manifiesto que el cuerpo y la vestimenta componen una relación debatible, compleja y única. La ropa es el espejo de las complejidades psicológicas del cuerpo que la usa, es historia y a la vez crónica de un espacio – tiempo en constante transformación. La moda es solo un elemento desde el cual es posible comprender y vivir las relaciones del cuerpo, es un medio para entender las necesidades de este, y es una forma para recrear el cuerpo en el mundo material:

La moda es muy semejante a nosotros mismos; alternativamente contradictoria y firme, trágica y cómica, una mezcla de lo transitorio y de lo permanente; pero a pesar de ello, todos nosotros tenemos lo suficiente del espíritu del pavo real para no poder prescindir de ella por completo”.


(Beaton, 2010, 11 p.).

Referencias bibliográficas

Paola Lozano

Paola Alejandra Lozano Vela - Tecnóloga en Producción de Imagen Fotográfica de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano; actualmente se encuentra culminando sus estudios profesionales en Artes Visuales en la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD). Como productora de la Categoría de Fashion & Dance Films del Bogotá Music Video Festival (BMVF) ha buscado desmitificar la idea de que la moda es un lenguaje banal, proponiendo no sólo espacios para su exhibición sino también de conocimiento, crítica y relación con otros lenguajes, donde se aborda la relevancia que tiene en el contexto cultural, político, histórico y social.

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